Segundo visionado 2ª parte

La semana pasada os comenté varias películas que, para mí, ganaron muchísimo tras un segundo visionado. Me dejé algunas en el tintero para no alargar en exceso el artículo (y para tener material de cara a esta semana), por lo que hoy toca proseguir y poner punto final.

HASTA QUE LLEGÓ SU HORA (Sergio Leone, 1968)

Hasta que llegó su hora

Expectativas
Cuando vi esta película, yo estaba atravesando un momento especialmente turbulento en mi vida cinéfila; el momento exacto en que descubrí que las películas sin monstruos podían ser igual de interesantes. Recordemos que hasta entonces, no me interesaba ninguna película en la que solo hubiese personajes humanos. Expandir horizontes y abrirme de miras supuso, como aquel que dice, descubrir de nuevo el cine. Casi como empezar desde cero, con la magia que eso supone: un mar de películas pendientes de ser catadas.
Descubrí Hasta que llegó su hora gracias a un catálogo de películas en DVD que regalaba El corte inglés. Habían dedicado una página entera a promocionar la primera edición en DVD de esta película (la edición que aún conservo), presentada en un estuche precioso, con un disco de extras, un libreto, etc.
Yo venía de ver El bueno, el feo y el malo cuando se anunció la salida a la venta del DVD de Hasta que llegó su hora, y teniendo en cuenta lo que me había hecho en la cabeza la primera (reventármela de placer), supe que necesitaba ver cualquier cosa dirigida por Sergio Leone.
El caso es que, en realidad, El bueno, el feo y el malo no se parece demasiado a Hasta que llegó su hora, que es mucho más pausada y silenciosa que su prima, la cual poseía un tono y ritmo diametralmente opuesto. Pero yo eso no lo sabía.
En resumen: DECEPCIÓN. Yo creía que todo lo que hacía el dichoso Sergio Leone iba en la misma línea de El bueno, el feo y el malo, y sin embargo no.

Realidad
Después de haberla visto siete u ocho veces, puedo decir que es una de las mejores películas que he visto en mi vida. Como dicen los capillitas, “ehto eh una coza mu grande que hay que vivihla pa zentihla”.
Eso no quita que la primera vez me pareciera aburrida a rabiar, pero no porque la película lo fuese, sino porque yo tenía unas expectativas muy raras y carecía de medios para informarme antes de comprar. Y claro, luego estaba eso: el comprar. En aquella época, si quería pillar una película en DVD tenía que esperar a mi cumpleaños o Navidad, y en dichas fechas no caían más de dos películas cada vez. Es decir, que al año no podía adquirir ni cinco DVD´s. Eso significaba que tenía que elegir con muchísimo cuidado las películas que quería añadir a mi colección. Cuando me compraban una que no me gustaba (los riesgos de comprar pelis a ciegas), era como estar rodeado de zombis, disponer únicamente de una pistola con solo cinco balas y disparar dos veces al aire. Un dolor, vamos.
En fin, que no me gustó. Yo quería más música cañera de Ennio Morricone, quería más personajes exagerados como los que interpretaron Clint Easwood, Lee Van Cleef y Eli Wallach, y quería más ritmo, más aventura… Pero en Hasta que llegó su hora no hay nada de eso. Si El bueno, el feo y el malo es una verbena con mucho vino y música de Mago de Oz, esta otra es un funeral. De hecho, para que veáis que no voy mal encaminado, Ennio Morricone se inspiró en el sonido de los estertores de un moribundo para componer el tema the man whit the harmonica.
Sea como sea, después de asimilarla y verla varias veces, hoy puedo decir que la considero una película redonda.

GOLPE EN LA PEQUEÑA CHINA (John Carpenter, 1896)

Golpe en la pequeña China

Expectativas
En este caso voy a ser breve, ya que apenas tenía expectativas, y por lo tanto no tengo mucho que decir. No sabía nada sobre Golpe en la pequeña China, excepto que me interesaba por que la dirigía John Carpenter, y que recordaba haber visto algunas escenas sueltas cuando era pequeño.
Expectativas, lo que se dice expectativas… no tenía. De primeras, el argumento no me resultaba llamativo, pero le di una oportunidad por su director.

Realidad
La quité a los 20 minutos. No pude con ella, y no porque me pareciese mala, sino porque no encontré nada que me enganchase. Me estaba resultando insoportablemente indiferente.
Ante esta perspectiva tan tremenda, ¿qué hice? Lo normal: comprarla en bluray algunos años después y darle otra oportunidad. No podía ser que este intento de western urbano parido por John Carpenter y protagonizado por el genial Kurt Russell no me gustase. Daba por sentado que en aquella ocasión la quité porque tenía el día tonto, o mucho sueño, o yo qué sé.
Y estaba en lo cierto. Con unos ánimos más receptivos y algunas horas extra de sueño a mis espaldas, disfruté de la película más que de mear con ganas. Es un disparate lleno de encanto, con un guión plagado de libertad creativa, donde se nota que Carpenter hizo lo que le dio la gana, incluso partiendo de un guión ajeno, excepto ambientarla en el salvaje oeste, como se había planeado en un principio. 
Es una de esas películas comodín que, la veas cuando la veas, te alegra el día. Quién me lo iba a decir la primera vez que intenté verla.

LA ISLA MÍNIMA (Alberto Rodríguez, 2014)

La isla mínima

Expectativas
Creo que este es, de todos los ejemplos que he puesto (y alguno se va a quedar en el tintero), el más radical.
Conocía a este director por 7 Vírgenes y Grupo 7 (¡todo siete!), dos películas estupendas. Cuando se anunció su nuevo proyecto, La isla mínima, y leí la sinopsis, pensé que habían hecho la película a mi gusto: ambientación rural patria ochentera, crímenes escabrosos inspirados en el caso Alcácer y dos detectives trajeados y con mostacho.
Lo que me ocurrió con esta película es extraño, ya que sabía perfectamente lo que me iba a encontrar, y aún así salí de la sala con cara de perro. Me había aburrido, me había perdido en la trama, y desde luego me había decepcionado que la historia no fuese un poco más explícita y directa en su resolución. Cuando aparecieron los créditos finales, pensé para mis adentros «¿pero qué mierda ha pasado aquí?».

Realidad
¡No sé qué comentar aquí! Como ya digo, lo que me pasó fue raro, puesto que en ningún momento pensé que la película fuera algo diferente de lo que realmente es. Entonces, ¿a qué vino esa decepción tan tremenda? Muy sencillo: otra vez tenía el día tonto, igual que me sucedió con Golpe en la pequeña China.
Revisé la película poco después, y pasó de no gustarme nada a sentir la necesidad de verla dos veces seguidas porque, de pronto, me había fascinado toda ella, desde la historia hasta su increíble apartado técnico. Cierto es que La isla mínima sugiere más de lo que muestra, y que en ningún momento le pone las cosas fáciles al espectador, pero por eso precisamente creo que es tan buena. Es una historia verosímil, cruda y realista, en la que los malos ganan y los buenos se quedan a medias, porque así es la vida: la balanza no siempre se posiciona a favor del bien, y en ocasiones los villanos se salen con la suya. No nos queda más remedio que convivir con la frustración y la impotencia.