Una reflexión sobre la crítica

Partamos de la siguiente base: yo mismo escribo críticas de cine. Nada profesional, sino más bien como el tío que después de ver una película te la comenta en positivo o negativo, según la experiencia, sin entrar en tecnicismos ni términos aparatosos que no domino. Pero sea como sea, escribo y opino acerca de películas. Eso quiere decir que este artículo puede resultar un poco hipócrita, ya que mi intención es cargar contra la crítica.
De todas formas, entre el crítico profesional o amateur estándar y yo hay una gran diferencia: yo jamás os diré que no veáis una película solo porque no me haya gustado. Que a mí no me guste no significa ni que necesariamente sea mala, ni que a vosotros tampoco os vaya a gustar. Soy consciente de que mis gustos no son universales. Dicho esto, podemos empezar.

Una reflexión sobre la crítica

1. La crítica amateur está sobrevalorada.
He escuchado muchas veces eso de «yo no me fío de un crítico profesional. Prefiero escuchar a un espectador de la calle».
De acuerdo, os compro la posibilidad de que el crítico profesional sea a veces un vendido. Que le suelten unos cuantos billetes para que hable bien o mal de una película, según convenga, y que por lo tanto su opinión no sea sincera. Eso puede pasar. Y no olvidemos que cuando sí es sincero porque no hay pasta de por medio, lo único que está haciendo, por muy profesional que sea, es dar su opinión personal y subjetiva.
Y luego está el crítico de la calle, el tipo común y corriente que opina con libertad, ya que no trabaja para ningún medio y tampoco recibe un cheque a final de mes por compartir sus opiniones. En esa categoría entro yo.
¿Qué tienen ambos en común? Que están dando una opinión subjetiva, incluso en el caso del vendido. Pero obviemos que el vendido es un mercenario. Imaginemos que los críticos profesionales nunca se prostituyen y que sus opiniones son completamente íntegras y sinceras. Y asumo que estoy ocurre a menudo, porque por muy traidor a sus principios que sea un crítico profesional, no puede serlo siempre. Tal vez le paguen por hablar bien de alguna película especialmente gorda, que a él en realidad le ha parecido horrible, para que la gente entre por el aro, pero no siempre le pondrán pasta sobre la mesa con el objetivo de que moldee su crítica a gusto de una productora/distribuidora de cine.
Entonces, ¿por qué nos fiamos más de la opinión del crítico de la calle, el que no trabaja para ningún medio? Porque nos da la sensación de cercanía. Pensamos que es un tipo campechano hablando de películas con sinceridad y libertad, porque su opinión no es influyente, y por eso nadie va a pagarle para que nos venda nada. Sus críticas son honestas siempre, ya que no son ellas las que pagan facturas y ponen el pan en la mesa. Pero por muy bonito y puro que nos parezca todo esto, no dejan de ser opiniones subjetivas. Podemos estar de acuerdo con lo que opina Manolo el panadero sobre Vengadores: Infinity War… o podemos no estarlo. Que lo diga alguien de la calle, con una cerveza en la mano y apoyado en la barra de un bar, no significa que debamos fiarnos y tenerlo más en cuenta que al que escribe para una revista de cine.
Yo no me fío de ninguno. Solo de mí.

Una reflexión sobre la crítica

2. La crítica asesina películas.
Y aquí sí que estoy hablando en exclusiva de la crítica profesional.
Ha habido más de una franquicia que ha muerto nada más nacer porque la crítica le ha dado una inmisericorde somanta de palos. Y está en su derecho, claro. El problema viene aquí: el espectador medio es altamente influenciable. Su criterio propio es muy pobre, y depende de críticas y puntuaciones para decidir qué ver y qué deja pasar. Si la crítica especializada no existiera, muchas películas fracasadas habrían triunfado porque al espectador medio, que es el mayoritario, no le habría quedado más remedio que juzgar por sí mismo en lugar de permitir que otros lo hicieran por él.
Me parece lamentable que el destino de una película pueda estar en manos de un grupo de personas que se limitan a opinar. Hasta la película más mediocre y torpe, requiere en su realización muchísimo más esfuerzo que redactar una crítica negativa. En otras palabras: humildad. Si estos críticos que le ponen pegas a todo saben tanto de dirección, fotografía, guión e interpretación, y si saben cómo es la película perfecta… ¿por qué no se lanzan a conquistar Hollywood en lugar de limitarse a opinar tras una cuenta de Twitter o un canal de Youtube? Me gustaría que la crítica, ya sea profesional o amateur, mostrase signos de humildad de vez en cuando, en lugar de hablar siempre desde la absoluta superioridad intelectual. Asumid de una vez por todas que en ocasiones una película no os gusta porque vosotros no estáis a su altura. El problema entonces es vuestro, y estaría genial que lo reconocierais.

La crítica profesional va a estar ahí siempre. Pero por favor, si una película os interesa no permitáis que una mala reseña os quite las ganas. Si enumerara la cantidad de veces que una película de mi gusto ha sido calificada de basura por la crítica, estaríais muy cerca de cambiar de opinión. 
No estoy demonizando el consumo de críticas. Para aprender, siempre es bueno conocer la opinión de otra gente (siempre que sean opiniones constructivas de alguien que sepa más que nosotros), por eso recomiendo que cuando nos pongamos una crítica por delante, lo hagamos como ejercicio didáctico. Es decir, jamás leáis una crítica para decidir lo que vais a ver o descartar.
No permitáis que otros decidan por vosotros, y ahí me incluyo el primero. ¿Recordáis que en el artículo anterior comenté The Meg y la puse como la peor película del verano? Pues pasad de todo eso. Si os llama la atención, si os produce curiosidad o si sencillamente tenéis ganas de verla, id al cine e ignorad todo lo que dije, porque no es más que una opinión con la que perfectamente podéis no estar de acuerdo.

Así que, en resumen, jamás os perdáis una película de vuestro interés solo porque alguien os diga que a él le parece un bodrio. Juzgar vosotros. Tened instinto y criterio propio.

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