Películas malas con momentos brillantes

O puede que brillantes sea pasarme, pero la cuestión es que existen películas bastante malas y desaprovechadas que contienen escenas muy buenas que desentonan con el conjunto. Cuando esto ocurre me da rabia, ya que pienso “macho, si fuiste capaz de escribir esa secuencia, ¿qué te impedía conseguir que todo el guión fuese en la misma línea? ¿Necesitabas más droga para inspirarte? ¡Pues haberla comprado!
El caso es que, los que me conocen saben que como espectador soy un tipo positivo. Cuando veo una película quiero que me guste, quiero hablar bien de ella, quiero salir satisfecho del cine. Al contrario de lo que se lleva hoy en día, esa estúpida filosofía hater, no disfruto cuando una peli me decepciona. Por eso hay películas que son un desastre pero aún así me gustan, y esto ocurre porque tiendo a buscar lo bueno, a fijarme en las virtudes. Es lo que me sucede, por ejemplo, con Prometheus.

Pero no os voy a engañar. Hay películas cuyos defectos superan con creces a sus virtudes, y por mucho que me empeñe, y por muy anti hater que sea, no puedo salvarlas. Sin embargo, esto no significa que en ellas no se puedan encontrar diminutas pepitas de oro. Momentos escritos y dirigidos en un instante de inspiración que llegó y, acto seguido, se marchó rápidamente para no volver jamás, dejando tras de sí los únicos y escasos minutos salvables de una película mediocre.

ANNABELLE

Annabelle

Últimamente se abusa de la frase parece un telefilme de Antena 3 para referirse a películas regulares o malas con una estética pobre y plana. En muchos casos, quienes esgrimen este argumento exageran muchísimo o directamente se equivocan, pero en otros tienen razón. Con Annabelle tenían razón.
Ya no es sólo que la película parezca eso, un telefilme barato o un producto lanzado directamente a DVD (y hablo de un producto lanzado a DVD de los de hace quince años, no de los de ahora. En la actualidad, debido a lo mal que está la industria, muchas buenas películas no pueden ser estrenadas en pantalla grande, y terminan condenadas al formato físico o al VOD desde el primer momento), sino que también resulta aburrida, insípida y poco inspirada. Y cuando digo poco inspirada me refiero a que, como el 99% del cine de terror comercial actual, se apoya únicamente en los cutres jumpscares. Un jumpscare es, además de un anglicismo bastante innecesario, ese susto tontísimo que nos cuela una película subiendo el volumen a la vez que aparece en pantalla y con toda la brusquedad del mundo un fantasma/monstruo/demonio/gato. En esencia, un jumpscare consiste en aparecer delante de la cámara de golpe y porrazo y gritar ¡BU! También es el recurso de los cineastas y guionistas sin imaginación, pero ya entraremos en ese jardín otro día.
En fin, resulta que Annabelle está plagada de esos sustos baratos, y las películas que funcionan así suelen ser malas. Se salvan las dos Expediente Warren, las dos primeras Insidious y… poco más.
Pero entre tanta mediocridad hay una escena que para mí es notable, y si toda la película hubiese seguido ese estilo estaríamos ante un producto, quizá no redondo, tal vez ni siquiera bueno… pero sí mucho más interesante y estimulante.
Estoy hablando de la escena del ascensor, una secuencia tan buena, bien planteada y rodada que parece sacada de otra película. En esta escena apenas ocurre nada, o al menos no tiran de efectismo salchichero, y sin embargo consigue crear una inquietud y nerviosismo con los que el resto de la peli sólo aspira a soñar… Vale, al final del todo hay un jumpscare cutre, pero hasta ese momento es una perfecta escena de terror que logra poner de los nervios con unos recursos mínimos (un ascensor averiado, un sótano oscuro y una linterna).

LA AUTOPSIA DE JANE DOE

La autopsia de Jane Doe

Este caso quizá sea más extremo y frustrante que el de Annabelle. Si en la primera hablamos de cuatro minutos potables de noventa, en La autopsia de Jane Doe tenemos media película buenísima y original, y media absolutamente vulgar y tópica.
El argumento gira en torno a una morgue que recibe el cadáver de una joven difunta. Cuando inician la autopsia, los forenses empiezan a descubrir que el cuerpo está lleno de anomalías inexplicables… ¡Y así se pasan media película! Analizando un cadáver plagado de misterios, al mismo tiempo que tratan de buscar una explicación para lo que está sucediendo. Mientras veía la película, recé a Cthulhu para que todo el metraje fuese así: hora y media de autopsia loca. No sé, pensé que tendrían huevos de hacerlo… Pero no. Tras los primeros cuarenta minutos, tiempo durante el cual estuve enganchado a la trama como pocas veces lo he estado, la película cae en los convencionalismos de siempre: fantasmas, sustos, luces que se apagan… Un rollo, vamos. Parece una película realizada por dos directores distintos; uno con ganas de currar y ganarse al espectador, y otro impaciente por acabar pronto, cobrar el cheque, marcharse al hotel a consumir sustancias ilegales y pensar qué hacer con el cadáver de la prostituta que oculta en la bañera, porque ya empieza a oler y las moscas inundan la suite.

BLAIR WITCH

Blair Witch

La tercera parte (o segunda, según se mire, porque muchos consideran que Blair Witch: el libro de las sombras no es canónica) llegó envuelta en un precioso paquete con un lazo y aroma de vainilla. Un regalo maravilloso para los fans de la película original, y además una sorpresa de inmensas proporciones, ya que la película se anunció con otro nombre (The Woods) para despistar al personal y que nadie supiese que en realidad era la nueva y deseada, desde 1999, secuela de El proyecto de la Bruja de Blair. Imaginad la cara que se nos quedó cuando se hizo público el segundo trailer y al final de éste, en lugar de aparecer las palabras The Woods aparecieron las de BLAIR WITCH. Y encima dirigía Adam Wingard, el cineasta detrás de las geniales The Guest y Tú eres el siguiente. ¡Como para no estar emocionado!
Ahora viene el bajón: la película resultó ser un bodrio.
Vale que es comercial y, como tal, abusa de los ya mencionados jumpscares. Eso no me pilló por sorpresa porque ya sé que todas las películas comerciales de terror que se hacen ahora se mueven dentro de ese rollo. Lo que no puede ser es que la mayoría de esos sustos sean provocados por los propios protagonistas, quienes consideran buena idea pasearse por un bosque maldito, en mitad de la noche, pegando gritos y apareciendo de forma súbita.

—Dios mío, ¿dónde está Susan?
(Silencio. Los protagonistas miran hacia la oscuridad que inunda el bosque)
—¡¡ESTOY AQUÍ!! (Susan entrando en escena del modo más brusco posible).
—¡¡Aarrghhh!!
—Ay, lo siento, había ido a buscar pilas para la linterna. 

Pues así toda la película. Los protagonistas se dedican a asustarse unos a otros de la manera más tonta imaginable… Si hay algo más lamentable que los sustos baratos por parte de entidades sobrenaturales, son los sustos involuntarios por parte de jóvenes ineptos.
La cuestión es que tras unos tres cuartos de película bastante aburridos y poco imaginativos, llegamos al final, a los últimos quince minutos… Y la cosa mejora. Mejora, sí, pero la sensación agridulce es la misma de siempre: unos minutos tan buenos que, si hubiesen abundado más a lo largo del metraje, habrían hecho de Blair Witch una buena película de terror. En cambio, ese último cartucho, por muy guay que sea, no basta para salvar una película desastrosa.
En esos quince o veinte minutos finales volvemos a la siniestra casa abandonada en mitad del bosque que ya nos encontramos en El proyecto de la Bruja de Blair. Pero no queda ahí la cosa, pues no se trata de una simple traca final con protagonistas entrando en el peor lugar posible para morir, sino que el asunto adquiere unos matices de confusión, de no saber qué está ocurriendo realmente, que se agradecen después de esa primera hora y cuarto tan simple y boba.
Si atendemos a esa escena, nos daremos cuenta de que (ojo a esto) los protagonistas de esta película se cruzan con la protagonista de El proyecto de la Bruja de Blair. Mientras ella, en 1994 (año en el que se ambienta la película), recorría esa siniestra casa en busca de su amigo, los protagonistas de esta nueva entrega, ambientada en 2016... TAMBIÉN. De repente nos cuela una paradoja espacio-temporal demencial e inesperada, con la que llegamos a la conclusión de que la bruja, de algún modo no especificado, controla el tiempo dentro de los límites del bosque.