Falso género

Este es un tema con el que nadie suele estar de acuerdo conmigo, pero por más que me digan tal o cual, no pienso bajarme del burro. Y no es por cabezonería, sino porque estoy convencido de que tengo la maldita razón y todos los demás se equivocan.

Cuando hablo de falsos géneros cinematográficos me refiero a uno muy concreto: la ciencia ficción. También podría decir algo respecto al western y el cine de aventuras, pero igual me meto en un jardín del que no sé salir, de modo que por ahora voy a dejar ese tema en paz.
Estoy casi convencido de que esta teoría no es aplicable a géneros como la acción o la comedia, pero a saber.
El concepto es muy sencillo: la ciencia ficción no es un género en sí mismo, sino una herramienta narrativa usada por el guionista de turno para hablar de temas que, sin dicha herramienta, sería imposible hablar. La ciencia ficción puede servir como instrumento para satirizar o anticipar, o para fines tan frívolos como crear una ambientación resultona con edificios llamativos y coches voladores que en realidad no aportan nada. Pero yo no puedo evitar verla como eso: un instrumento y no un género. O, como mucho, un género a medias. Un género que siempre se apoya en otro más predominante.

Os invito a hacer el ejercicio de pensar en películas de ciencia ficción que conozcáis y tratar de enmarcarlas en un género diferente.

Aquí van tres de los ejemplos más evidentes que recuerdo ahora mismo:

BLADE RUNNER

Blade Runner

Por mucho coche volador, edificio ciclópeo y humanos artificiales que nos muestren en este clásico infinito del cine, la realidad es que, por encima de todo, Blade Runner es una película de género negro. Un thriller policíaco con tono de thriller policíaco, ritmo de thriller policíaco, diálogos de thriller policíaco y personajes de puñetero thriller policíaco. ¡Vamos, que lo mismo hasta es un thriller policíaco y todo!
Está el tema de los androides, la inteligencia artificial y los recuerdos falsos implantados en el cerebro, elementos que forman parte de la ciencia ficción, pero los códigos con los que funciona Blade Runner son los arquetípicos del policíaco clásico: detectives atormentados, mujeres fatales, pistolas y cigarrillos fumados bajo tristes farolas.

ALIEN

Alien

Blade Runner es, como acabo de comentar, un film noir por encima de todo. Sin embargo, posee elementos cienciaficcioneros imprescindibles para la trama (todo el asunto de la inteligencia artificial y los androides, como ya sabemos. Eso no se puede tocar sin alterar la esencia de la película). Pero en Alien nos encontramos un caso más extremo, ya que todos los componentes que hacen que esta película sea considerada ciencia ficción, son fácilmente reemplazables por otros sin que ello afecte a la trama.
Cambiemos la nave espacial en la que se desarrolla la historia por un siniestro castillo o incluso un decrépito barco a la deriva, y cambiemos al extraterrestre por un vampiro o un demonio. ¿El resultado? Exactamente el mismo. Incluso podríamos sustituir a Ash, el androide lechoso, por un humano y la cosa seguiría igual.
No importan las naves, no importa el espacio, no importan los trajes de astronauta. Alien es una película de terror.

ROBOCOP

Robocop

La premisa es cienciaficcionera a tope, qué duda cabe, pero también es cierto que quitando el elemento armadura robótica, la película resulta ser una cinta de acción policial con venganzas de por medio. Y también una metáfora sobre Jesucristo, pero de eso hablaremos otro día.
Hay ciencia ficción, por supuesto; tenemos un policía reventado a tiros que logra volver a la vida gracias a la tecnología diseñada por una despiadada empresa, y tenemos un montón de sátira y mala leche canalizadas por ese elemento de ciencia ficción, por no hablar de los dilemas que se nos plantean: si instalamos en una máquina una mente operativa con capacidad para sentir, recordar y razonar, ¿podemos considerar humana a esa máquina? ¿Es ético y moral privatizar el uso y control de dicha tecnología?
Este tipo de principios son los que  la buena ciencia ficción maneja, y en Robocop hay mucho de eso… Pero seamos honestos: lo más llamativo, lo que predomina, son los tiros, la abundante sangre y la mala leche que se gasta Verhoeven. No penséis que estoy simplificando; obviamente, los dilemas morales antes mencionados son el eje central de la película, y eso es lo que la hace tan buena e interesante, pero ante todo es una película de acción. Con una evidente carga filosófica y un discurso muy marcado, eso sí. 

Como ya digo, este razonamiento se puede aplicar a casi cualquier película de ciencia ficción. Reconozco que los ejemplos que he puesto necesitan sí o sí de sus herramientas cienciaficcioneras para contar lo que cuentan (excepto Alien), pero sus códigos son los de otro género, uno que eclipsa al oficial.