Malas adaptaciones, buenas películas

Esto es tan básico que ni siquiera considero necesario dedicarle un artículo, pero en fin, de algún modo tendré que echar la tarde, ¿no? Y para una vez que no escribo de madrugada y con más cafeína en el cuerpo de la aconsejable, habrá que aprovechar.

De acuerdo, ¿una mala adaptación es una mala película? Tendríamos que hacernos esta pregunta más a menudo en lugar de ser tan haters y llorones, y pensarlo con frialdad, dejando a un lado nuestros friki-traumas, como el hecho de que nos moleste que a Superman le hayan quitado los calzoncillos por fuera en la nueva película, que el tono de negro del traje de Batman no sea exactamente el de los cómics o que el protagonista rubio de esa novela que tanto te gusta, ahora sea moreno en su adaptación al cine. Y claro, son cositas que arruinan la película entera, ¿verdad? Por supuesto que NO. Claro que no.
Mala adaptación y mala película son dos conceptos que no se conocen. Nunca han quedado para tomar café, ni se han cruzado por la calle. Ni siquiera viven en la misma ciudad. Mala adaptación y mala película son dos conceptos que no tienen nada que ver el uno con el otro, y es que, haters del mundo, talibanes de vuestras pasiones, por más que os amargue el día, una mala adaptación puede ser una gran película.
Sigo pensando que no sería necesario escribir nada de esto, pero luego voy, me meto en foros, Twitter o Facebook, y me encuentro con gente muy enfadada gritando que tal o cual película o serie es un bodrio porque no ha adaptado correctamente el cómic o novela en cuestión. Entonces, según el criterio de estas personas, si un cineasta se pasa por el forro el material original (que puede ser, y de hecho ha sido), ¿automáticamente se anulan los valores cinematográficos? ¿Ya no cuentan las interpretaciones, el guión, el trabajo del director, el técnico de fotografía…? Todo deja de importar si la película no se parece a eso que ya tienes en tu estantería en formato papel. ¿Qué problema hay en dar un poco de tregua y permitir, sin espavientos, que el guionista juegue un poco y aporte su propia visión del asunto? Claro que entonces me diréis «pues para eso que no adapte nada», y es verdad, pero resulta que la mayor parte de esas adaptaciones desastrosas (según el fandom), en realidad no lo son tanto. Rara es la adaptación que no conserva en mayor o menor medida la esencia del material de base, y si no tiene más quizá sea porque no todo lo que funciona en papel puede funcionar en pantalla. Joe Johnston nos lo demostró con su película Capitán América: el primer vengador.
En un momento de la peli, el Capitán aparece en una especie de desfile promocional ultra patriótico, luciendo un traje verdaderamente ridículo que en poco se parece al que llevará a la hora de la verdad durante el resto de la peli. Ese traje ridículo es, tanto en textura como diseño, similar al que lucía en los cómics clásicos, ¡un pijama! ¡Un traje de Montenegro! (esto último no lo pillaréis si no sois de Antequera) ¿Y sabéis qué ocurre? Que en las viñetas queda bien, pero en pantalla da vergüenza. Imagino que Johnston lo coló en la película a modo de broma para que los más puritanos viesen con sus propios ojos que no se puede ser fiel al cien por cien, y que por narices hay que cambiar elementos cuando se trata de dar el salto a un medio diferente e incompatible en muchos aspectos.

Si a la hora de hablar de películas tuviésemos menos ganas de odiar y escupir bilis, nos tomaríamos las cosas de otra manera, e incluso comprenderíamos que una mala adaptación puede ser una fabulosa película. Una mala adaptación es una mala adaptación, y eso es así. Si fallan los puntos en común con el material original, si falla la base, la han cagado como adaptación… Pero puede haberles quedado una película decente. Y de eso voy a hablar ahora: un breve repaso a malas o regulares adaptaciones que son buenas películas.

FROM HELL (Albert Hughes y Allen Hughes, 2001)

From Hell Krypton Planeta Antequera

Adaptar la obra de Alan Moore es un cacao, básicamente porque a la hora de ponerse manos a la obra chocan dos conceptos que son como el agua y el aceite. Me refiero a que adaptar los cómics de este señor requiere un presupuesto considerable, pero resulta que una adaptación FIEL de Moore no resulta nada comercial. Zack Snyder se atrevió con Watchmen, una adaptación brillante que incluso mejora alguna cosilla del cómic, pero esto es un mirlo blanco.
From hell (el cómic) es una obra espesa, muy espesa y adulta. Una crónica ultra detallada de los asesinatos de Jack el destripador y la investigación policial por parte de Scotland Yard. Así leído parece el material perfecto para un thriller de éxito, pero ya os digo yo que no. El cómic es muy bueno, pero adaptarlo tal cual supondría un rotundo fracaso de taquilla. Ya sabemos que el espectador medio sólo quiere ritmo, acción y efectos especiales. Si hay diálogos de más de dos minutos, se aburren los chiquillos.
La adaptación cinematográfica coge lo más ameno del cómic y deshecha todo lo demás, lo que da como resultado una película de suspense y terror muy resultona, pero alejada de la densidad y profundidad del cómic. Una película, en definitiva, diseñada para vender mucho. Un producto de fácil digestión.
Pero como ya he dicho, como película, como thriller, está muy bien, en especial su ambientación.
De V de Vendetta, otra obra de Moore, opino exactamente lo mismo que de From hell. Un caso idéntico.

AMERICAN PSYCHO (Mary Harron, 2000)

American Psycho Krypton Planeta Antequera

Aquí tenemos un caso de adaptación buena-mala. Quiero decir, la película deja fuera un montón de pasajes de la novela y suaviza hasta el límite las escenas de asesinatos, pero aún así se las apaña para conseguir trasladar lo más importante de la novela a la pantalla. La esencia y los temas que se tratan en el libro de Bret Easton Ellis están ahí. Al final no se echan en falta las brutales y terroríficas escenas de violencia, canibalismo y necrofilia de la novela, pero no se echan de menos porque lo verdaderamente importante está en la película.
Y hay que comprender que para llevar este libro al cine, por narices había que suavizarlo. Los que lo hayáis leído, ya sabréis lo muuuuucho que se recrea el autor a la hora de describir las escenas de asesinatos, sexo… o ambas cosas a la vez. De hecho, hay una escena del libro que consiguió marearme y obligarme a dejar de leer durante un ratito. Eso no me ha pasado jamás con ningún otro libro ni película.
A veces es mejor adaptar el fondo en lugar de la forma. Por ejemplo, las mejores adaptaciones de Lovecraft no adaptan ningún relato o novela de este autor, como así lo demuestran La Cosa, El proyecto de la Bruja de Blair, En la boca del miedo o Alien; películas que huelen a Lovecraft pero no se basan en ningún texto suyo.
A veces, el homenaje es la mejor y más pura forma de adaptación.

PREACHER (Seth Rogen y Evan Goldberg, 2016-presente)

Preacher Krypton Planeta Antequera

Aquí tenemos un ejemplo clarísimo de pésima adaptación pero buen material a fin de cuentas. Como adaptación es una de las peores cosas que he visto en mi vida, pero eso no impide que sea una muy buena serie. Es decir, tiene unos méritos propios que, independientemente de su calidad como adaptación, están ahí y al menos yo no pienso obviarlos por mucho que me guste el cómic. No soy un talibán ni un hater por deporte. Soy de los que disfrutan de cada cosa por separado.
Y pese a todo, pese a que es una serie estupenda, original, gamberra y, para mi gusto, superior a esas series que de repente se ponen de moda y todo el mundo da la brasa con ellas (Juego de Tronos, The Walking Dead…), es una auténtica lástima que su creador, el actor y director Seth Rogen, no haya sido más fiel al cómic de Garth Ennis. Es una pena porque el tebeo es absolutamente magnífico, una obra maestra del noveno arte escrita como pocas veces se ha escrito un tebeo. Un trabajo rebosante de transgresión, mala leche, dardos envenenados en todas direcciones y diálogos brillantes que merecía ser adaptado viñeta a viñeta, palabra a palabra… Pero no fue así.

BLADE RUNNER (Ridsley Scott, 1982)

Blade Runner Krypton Planeta Antequera

Esta vez no estamos sólo ante una malísima adaptación de la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick, sino también frente a una de las mejores películas de la historia del cine. Un clásico infinito denostado en su momento al que ahora pocos se atreven a toser. Si compráis uno de esos libros en los que figuran las cien películas que hay que ver antes de morir (según el criterio del autor, claro está), Blade Runner va ser una de las primeras. Y si no está entre las primeras, la cuestión es que en alguna parte del libro será mencionada.
No voy a ponerme a hablar de la película porque esto se está alargando demasiado y, en fin, todo el mundo la conoce y todo el mundo sabe lo bien posicionada que está, y si os interesa saber más sobre ella, buscad en Google. Encontraréis unas diez millones de reseñas.
Se trata de que como adaptación falla en casi todo, empezando por el tono y la ambientación. El rollito noir solemne que luce la película no está presente ni por asomo en la novela, cuyos escenarios y personajes se intuyen más mundanos y frágiles (como habitualmente sucede en la literatura de Dick. Sus novelas suelen estar protagonizadas por gente normal enfrentada a una situación que le viene grande). Además de eso, la trama es muy distinta y el mundo que se nos presenta (bastante bajonero y pocho, como las calles de cualquier pueblo un lunes de madrugada) difiere de esa ciudad recargada, luminosa, tecnológica y sobrepoblada que aparece en la película de Ridley Scott.
Sea como sea, película y novela son dos obras tan diferentes como recomendables. Sin embargo, a título personal diré que el libro muestra una ciencia ficción más acorde con mis gustos. Si me dais a elegir entre una historia sobre coches voladores, robots, sociedades ultra tecnificadas y rascacielos ciclópeos, y otra sobre un tío en camisa y vaqueros que ha dormido mal, no ha tomado café y, por lo que sea, su objetivo en la trama consiste en tirarle piedras a la nave extraterrestre que ha aparecido sobre su ciudad, me quedo con lo segundo.

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