Objetividad

En el artículo anterior, rocé con los dedos un tema que, como ya dije, merecía un artículo propio. Pues aquí está.


Hablando de esto me vuelvo un poco loco, ya que se me llena la cabeza de paradojas y contradicciones hacia mí mismo, pero voy a intentar exponer de forma más o menos clara y coherente lo que opino respecto a la objetividad en el cine.
Porque, ¿se puede ser objetivo cuando hablamos de arte? Yo creo que sí, aunque muchos aseguran que no. Que el cine es un arte cien por cien subjetivo y que cualquier opinión es válida y respetable.
Estoy de acuerdo con lo de respetable.
A mi juicio, quien se escuda continuamente en sus gustos personales (“la película es buena porque me gusta”) y en su defensa de la subjetividad extrema, es síntoma de que dispone de pocos argumentos para justificar y razonar la opinión que acaba de vomitarte encima. ¿Y sabéis qué? Eso ocurre porque, en ocasiones, nos gusta lo indefendible. No pasa nada, siempre y cuando no intentes vender la película como si se tratase de una obra maestra infinita. En fin, que a ti te guste mucho no significa que la película sea buena, y que no te guste nada tampoco quiere decir que sea mala.
Seamos serios, joder, aunque sólo sea un poquito, y vamos a no perder la perspectiva.
Recuerdo que hace tiempo, cuando se estrenó Jungla de Cristal 5, un tipo subió a su canal de Youtube una vídeo crítica en la que se deshacía en elogios hacia la peli (podría poner el enlace, pero no quiero dar publicidad a una persona que puntúa con un diez a Jungla de Cristal 5 y con un cero a 2001: una odisea en el espacio. Con todo el cariño, pero que le den morcilla). No sólo mencionaba lo mucho que le había gustado (algo en lo que yo no habría objetado), sino que además le parecía BUENA, MUY BUENA, SOBRESALIENTE. Tenía los santos huevos de ponerla a la altura de la primera, de decir que su villano era genial, que el guión era genial, que las escenas de acción eran geniales… Pues no, hijo, todo eso es mentira, y si llego a ver la película guiado por tu crítica, al salir del cine habría cogido un avión para plantarme en tu ciudad, buscarte y hacerte tragar la cámara con la que grabaste ese infecto vídeo.
Honestamente, a mí la película me parece divertida. Es cortita y anda bien de ritmo, por lo que no aburre. Pero jamás os diría que es buena, porque sé que no lo es. El villano es insípido y sin carisma, los chistes que suelta John McClane parecen escritos por un niño de seis años, las escenas de acción no destacan en nada, la historia no engancha ni es original… Muy poco cariño has de tenerle a esta saga para decir que La Jungla 5 es tan buena como la primera.
Lo de este tipo es un claro ejemplo de nula capacidad objetiva, y por lo tanto su opinión no es de fiar. No es capaz de encontrar lo bueno en lo que no le gusta, ni lo malo que lo que admira. Su caso resume a la perfección el tema de este artículo, y de hecho podría terminar aquí.

Claro, muchos dirán que si una película cumple con su cometido, que básicamente es entretener, entonces significa que es buena. Es como cuando te cuentan un chiste y, mientras te partes de risa, dices que es muy malo. “me río de lo malo que es”, justifican algunos ¿Pero cómo va a ser malo si te estás riendo, hijo de la gran ...? El único propósito de un chiste, su única finalidad, el motivo primero y último por el cual ha sido puesto en nuestro mundo es hacer reír, por lo tanto, si un chiste te saca una carcajada, es bueno. Sólo existe un tipo de chiste malo: el que no hace reír.
Pero con el cine es diferente, porque el cine no es tan simple como un chiste. Una película está compuesta por demasiadas piezas, engranajes y mecanismos como para limitar el discurso a “si me gusta, es buena. Si no, no”.

Si una película te gusta, significa que para ti funciona, pero eso no quiere decir que sea buena. Puedes pasártelo pipa con, por ejemplo, Alien: Covenant (mi caso), pero el guión seguirá siendo un desastre. Me encanta la saga Phantasma, pero que la mitología que nos presenta parece improvisada de una película a otra, y que cada entrega está llena de cosas que ocurren porque sí, es un hecho. ¿John Wick? Me chifla, pero el guión es más simple que la tabla del uno; efectivo, pero simple, lo cual no quiere decir que sea malo, sólo que no se me ocurriría decir que su guión es tan compacto como el de Érase una vez en América.
¿Una película que no me gusta pero me parece buena? Todos los hombres del presidente. Me resulta aburrida, pero eso no impide que encuentre y admita sus muchas virtudes, entre las que están su denso guión y las interpretaciones del dúo protagonista.
¿Veis? Estoy siendo objetivo. Si yo puedo hacerlo, cualquier puede hacerlo.


Mirad, esto es más sencillo de lo que los postmodernos intentan hacernos creer. A veces, lo blanco es blanco y lo negro es negro. También existe el gris, pero no podemos aplicarlo a todo.
Si una escena de acción se ve mal porque la cámara no deja de moverse frenéticamente, es una escena de acción MAL rodada.
Si un guión está lleno de agujeros, incoherencias argumentales y personajes importantes mal definidos, es un MAL guión.
En el cine se aplican determinadas técnicas formales (guión, cámara, interpretación, iluminación, etc.), y como cualquier técnica se puede desempeñar bien, mal o regular. Si haces una paella y el arroz se te pasa, es decir, está blanducho, apelmazado, hecho un mazacote pegajoso, significa que, efectivamente, el arroz está pasado. ¿Te puede gustar así? Por supuesto, pero seguirá estando pasado. No podrás decir que está suelto. 
Si cocinas un filete más tiempo de la cuenta, quedará seco como la suela de un zapato. ¿Puede que a alguien le guste de esa forma? Sí, pero esa persona no podrá decir en favor del filete que está jugoso y tierno. ¿Y sabéis por qué? Porque no lo está.
A veces, las cosas son así de simples.

Resumiendo: los gustos son subjetivos, la calidad y la técnica no.
Te pueden gustar, como me gustan a mí, ciertas películas cutres, pero has de saber lo que son. O sea, no intentes poner a la misma altura El Vengador Tóxico y Taxi Driver sólo porque la primera te guste más.
Tal vez el kebab de cuatro euros el menú te sepa a gloria y te quite el hambre, pero eso no convertirá a ese grasiento subproducto a base de despojos animales en un chuletón de buey de León o una mariscada gallega. Por mucho que te guste, y conste que a mí me encanta, seguirá siendo comida de tercera.
Pues así con todo, maldita sea.