Humildad cinéfila

“¡Qué película más mala! No se entiende, es rara”. Es una afirmación que he escuchado y leído en infinidad de ocasiones, más las que me quedan. Es agotador, chavales, muy agotador. Cada vez que escucho decir algo así, me salen canas.
Esa frase habría que meterla en el mismo saco donde metieron a “no me gusta porque es mala”, otra sentencia que tiene miga. Y es que, del mismo modo que una película no es mala sólo porque a ti no te guste, tampoco está mal contada sólo porque tú no la hayas entendido. Baja los humos.
Una película, pongamos Mulholland Drive, de mi querido David Lynch, puede ser atípica, puede saltarse todos los convencionalismos narrativos que quiera, y aún así estar bien contada dentro del contexto y estilo pretendidos por su autor. ¿No la has comprendido? Quizá el problema sea tuyo, espectador. Siempre hay que plantearse eso. Y ahí es a donde quería llegar.
El espectador no es Dios, no es infalible, no es todopoderoso. A veces, una película es más grande que el espectador, y está por encima de él. Le supera. Cuanto antes entendamos eso, cuanto antes se nos meta en la cabeza, antes dejaremos de decir gilipolleces.


Hay muchas razones por las que nunca hago caso a la crítica, ya sea profesional o de “gente normal”, y sólo me fío de mi criterio, mis preferencias y mi instinto cinéfilo. Y una de las razones por las que no me guío por opiniones ajenas es que nunca, jamás, en mi vida he escuchado decir “la película no me ha gustado, pero es culpa mía”. Y eso, amigos, ocurre muchísimo. A veces no es la película, eres tú.
Margin Call, por ejemplo. Entiendo que es una buena película, reconozco sus valores cinematográficos, su buen guión y sus grandes interpretaciones… pero no es una película para mí, y por eso no me gustó. Trata temas bastante espesos relacionados con la economía, y como yo soy un gañán que no tiene ni idea de esos asuntos, no entendí nada. No es que sea mala, que no lo es, lo que ocurre es que YO no estoy a la altura. Carezco de los conocimientos necesarios para no perderme en su trama.
¿Veis? Una película puede no gustar y, al mismo tiempo, ser buena. Porque preferencias aparte, los valores cinematográficos de que dispone una película están ahí, y no todo es subjetivo. Es sano ser consciente de que una película que te ha gustado es mala, tanto como saber que una película es buena pese a no haberte entusiasmado. La objetividad existe aunque muchos lo nieguen: un guión puede ser bueno o malo, una escena de acción puede rodarse bien o mal, una interpretación puede ser creíble o mediocre. Ni todo lo que nos gusta es bueno, ni todo lo que rechazamos es malo, pero este otro asunto da para todo un artículo, así que mejor lo dejamos aquí.

Tenemos que empezar a plantearnos cambiar el “no se entiende” por el “YO no la entiendo”, el “la película es mala” por el “A MÍ no me ha gustado”. Y sí, hay películas mal contadas y plagadas de errores de guión, pero nuestra labor como espectadores es saber diferenciar cuándo el problema lo tiene la película y cuándo lo tenemos nosotros.
El espectador y la crítica deberían quitarse la mala costumbre de juzgar siempre desde un trono elevado, creyéndose superiores a cualquier película que decidan fusilar, y considerar la opción de admitir, aunque sólo sea de vez en cuando, que algunas de las películas que no les han gustado están bien, y que son ellos quienes, por el motivo que sea, no han estado a la altura o simplemente no eran los espectadores apropiados para ese título.