Versión original

Si la semana pasada hablaba sobre un tema polémico como lo es la piratería, hoy toca otro igual o más conflictivo: el cine en versión original.
Al igual que me ocurre con la piratería, mi opinión sobre este tema es gris. No tengo una idea concreta sobre las maravillas de ver películas en versión original y la aberración que supone verlas dobladas, porque ni creo que lo primero sea una maravilla, ni que lo segundo sea una aberración.

He de admitir que con el paso de los años el porcentaje de cine en versión original que veo se ha incrementado muchísimo. Ocho de cada diez películas las veo en versión original subtitulada. Pero eso no quita que el doblaje español me parezca estupendo, ni tampoco me hace pensar que quienes ven películas dobladas sean unos catetos que se están perdiendo la gloria bendita. En fin, se trata de ver películas del modo en que a uno le sea más cómodo, ya está, sin prejuicios.
Sea como sea, yo pertenezco a la vieja escuela, y el primer visionado me gusta hacerlo en versión doblada para poder centrarme al cien por cien en el aspecto visual. Luego, cuando ya me he empapado, la vuelvo a ver en versión original.
Sé que muchos dicen que se puede ver la película al mismo tiempo que se leen los subtítulos, y estoy de acuerdo en parte, pero hay que ser realistas: no somos camaleones. No podemos usar un ojo para leer y el otro para ver las imágenes, por lo tanto, mientras leemos no estamos mirando la película. Tal vez sean lapsos de pocos segundos, pero que perdemos información al leer los subtítulos es un hecho.

Versión original

Luego entra el tema de la nostalgia, no nos olvidemos de eso. Por ejemplo, en mi caso me es imposible ver Los Simpson en versión original. Para mí, esa serie está inevitablemente vinculada a su doblaje español igual que dos hermanos siameses. Lo mismo me ocurre con algunas películas de mi infancia. Sí, puedo verlas en versión original sin arrancarme los tímpanos, pero noto que se pierde algo de magia. Y es que el cine, al igual que los sabores y los olores, evoca lugares, momentos, vivencias… Recuerdos, en definitiva. Si alteramos una película que, por H o por B, estamos acostumbrados a ver de una determinada forma (doblada), no nos estimula de la misma manera.
Pero claro, esto ya es un tema más bien psicológico que poco o nada tiene que ver con poder leer subtítulos al mismo tiempo que vemos la película. Visto de esta forma, ¿es posible que muchos espectadores renuncien a la versión original más por nostalgia que por comodidad?

¿Y por qué suelo consumir versión original? Creo que por el sonido. Es decir, una película en versión original suele sonar mejor así que en su versión doblada, y no me refiero a la entonación de los actores, sino al sonido general. La pista doblada está limpia, demasiado limpia, mientras que la pista original suena… auténtica. Un sonido más sucio, con más matices, algo que choca a quienes llevan toda la vida consumiendo películas dobladas, ya que parece que la versión original suena mal. Es un contraste que, en el primer contacto, puede llegar a incomodar.
Lo que jamás diré es que veo películas en versión original para poder apreciar los matices en la entonación del actor, o captar y deleitarme con su trabajado acento de Nueva Jersey. Mi inglés es demasiado básico para recoger ese tipo de detalles. Para mí, el inglés suena a inglés, ya está,  y no soy capaz de apreciar matices ni acentos, por eso, si veo películas en su idioma original es por motivos muy distintos a esos. Y temo que esto mismo le ocurre a quienes ven cine de esta forma sin conocer el idioma original, aunque no quieran admitirlo. Si no eres capaz de entender el 80% de las palabras, mucho menos vas a identificar acentos y matices. Y esto nos lleva a un tema especialmente escabroso: el esnobismo.
Sí, en este terreno existe un snobismo y clasismo brutales. Muchos ni siquiera te toman en serio si afirmas ver películas dobladas.
En resumen: se puede ver cine en versión original sin decir gilipolleces.
Gilipolleces como las siguientes:

“¿No te ha gustado esa película? Prueba a verla en versión original”
Vamos a ver, precioso mío, si la película me ha aburrido o me ha parecido cutre, ¿qué te hace pensar que verla en su idioma original hará que, por arte de magia, cambie de opinión? En inglés, japonés o ruso, la historia, esa que no me ha gustado, seguirá siendo la misma. Ver a los actores hablando en un idioma que no conozco, no me cambiará la perspectiva.

“Viendo películas en versión original aprendes idiomas”
Un mito. Llevo años viendo películas en japonés, y no sé ni una sola palabra. Dejad de repetir eso, porque estáis tomándole el pelo al personal. Quizá (quizá) si de base conoces el idioma original, viendo cine en VO puedas mejorar ciertas cosas, pero si, como yo, eres un cazurro para los idiomas, ni de coña vas a aprender viendo películas en idiomas que desconoces.

“No encontré la versión subtitulada de esa película checoslovaca, pero prefiero verla a pelo antes que doblada”
O sea, que prefieres no enterarte de un pimiento antes que “mancillar” tu repelente honor snob viendo algo doblado… En fin.

“Habría que prohibir el doblaje”
¡Anda y vete por ahí! Con lo fácil y bonito que es poder elegir. Los que dicen estas cosas son los mismos que, si fuesen árabes, estarían poniendo bombas.
Resulta que si ahora una persona tiene problemas de vista y no puede leer los subtítulos, se tiene que quedar sin ver la película sólo porque a ti, snob fascista, te sale de las narices.

Con comentarios así (comentarios reales que he escuchado o leído alguna vez), no me extraña que a algunos les repela el tema de la versión original y no quieran acercarse a ella.
Así que, concluyendo, entiendo que tanto la versión original como el doblaje tienen sus pros y sus contras. Es indiscutible que el doblaje altera la obra original, y no hablo sólo de las voces, sino también de la traducción, incluso de elementos de la trama que desaparecen al ser doblados (¿Quién puede matar a un niño? es un ejemplo de película que al ser doblada se vuelve absurda y ridícula) pero explícale eso a alguien que no pueda leer subtítulos. En fin, ¿acaso no se traducen también libros y cómics?
Todo se resume en que cuantas más opciones haya donde elegir, mejor. Que cada cual decida lo que prefiere, siendo siempre consecuente y sabiendo que, elija lo que elija, tendrá puntos a favor y puntos en contra. Si alguien se decide por el doblaje, perfecto, pero ha de ser consciente de que la obra queda alterada, en algunos casos de forma extrema. Y si se decanta por la versión original, pues toca leer subtítulos, con la pérdida de información visual que eso supone.
En mi caso, como ya he dicho antes, prefiero combinar ambas modalidades. Creo que es la mejor forma de quedarse con los pros de las dos opciones. ¿Quién ha dicho que no se pueda ver cine doblado y también en versión original? No hay necesidad de elegir si no se quiere. Somos adultos, maldita sea.