Superhéroes, ayer y hoy

Ahora que se estrena esa masiva película-evento que es Vengadores: Infinity War, es el momento ideal para daros la chapa con mi opinión sobre este tema amado por unos y odiado por otros.


El cine de superhéroes me gusta desde que tengo uso de razón. Desde mucho antes de ser lector de cómics. Desde mucho antes de ser lector, a secas.
Siempre me ha maravillado el concepto del justiciero que lucha contra amenazas grandes, medianas o pequeñas; peligros de nivel barrio, como en Daredevil, o planetario, como en Los Vengadores.
Me gustaban las llamativas indumentarias de los superhéroes y el aterrador aspecto de casi todos sus enemigos.

En fin, no sé, hubo una época en que sólo me interesaba el cine fantástico (tanto que sólo veía películas en las que apareciese uno o varios monstruos), y en esa categoría entran Batman, Spiderman, los X-Men… Y no nos olvidemos de Robocop y Los Cazafantasmas, que aunque sus orígenes no partan de un cómic, qué duda cabe de que cumplen con todos los requisitos para entrar en la categoría de superhéroes.
Dos de los primeros recuerdos de mi vida están relacionados con superhéroes y publicidad en televisión. El primero, un anuncio de la puesta a la venta del VHS de Hook, la película de Peter Pan dirigida por Steven Spielberg (y Peter Pan, no me jodáis, es un superhéroe). El segundo era un anuncio, imagino que para el estreno en cines, de Batman Vuelve, de Tim Burton. Lo único que recuerdo de dicho anuncio es ver a Michelle Pfeiffer caer desde lo alto de un rascacielos. En ese momento, en el cual no contaba ni con cinco años de vida, ni siquiera sabía que se trataba de una película de Batman.


Desde que tengo uso de razón, los superhéroes, incluidos Mortadelo y Filemón, han estado presentes en mi vida. Me emocionaba siempre que, rebuscando en las estanterías de El Corte Inglés o el Pryca, me topaba con un VHS en cuya carátula apareciese alguien ataviado con capa y máscara.
Pero las cosas han cambiado mucho. Tal vez no para mí, que sigo disfrutando con el género, sino con la temática superhéroes. Si antes se estrenaba una de estas películas cada tres o cuatro años, ahora tenemos tres o cuatro pelis al año. Y no me importa, que conste. ¿Cómo va a importarme que se estrenen películas que me gustan? El factor sorpresa se perdió hace mucho, pero eso no quita que el género me encante por muy sobreexplotado que esté.
Las cosas, como ya os decía, han cambiado diametralmente, y como todos los grandes cambios tienen algo bueno y algo malo.

La tecnología ha evolucionado a pasos agigantados, propiciando que cualquier idea, por grande y excesiva que sea, pueda ser convertida en imágenes. Por mucho que esté de moda despotricar contra el CGI, gracias a él tenemos maravillas del cine de entretenimiento como la tan querida batalla de Nueva York en la primera peli de Los Vengadores. Hace veinte años, habría sido imposible rodar algo así.
El cine de superhéroes actual dispone de toda la tecnología que necesita para ser tan enorme e ilimitado como desee, y eso es bueno.


Pero si echo la vista atrás, a los tiempos del Batman de Tim Burton, la primera X-Men o la poco apreciada Daredevil (no comparto el odio que se le profesa), he de reconocer que en aquellos años había algo que ahora no existe: historias autoconclusivas.
Batman era Batman, y no necesitabas ver nada más allá de lo que contaba la propia película en sus 120 minutos. Empezaba y acababa.
Lo mismo ocurría con X-Men, Spiderman (el de Sam Raimi), Daredevil, Los Cuatro Fantásticos o El Motorista Fantasma. Puede que después se hicieran secuelas de estas películas, convirtiéndose algunas de ellas en longevas franquicias que llegan hasta nuestros días (X-Men), pero no es lo mismo. Con o sin secuelas, eran películas que funcionaban como un todo, una máquina autosuficiente, sin universos compartidos ni nada por el estilo. Cada franquicia era su propio universo y discurría por caminos independientes. Los X-Men no sabían quién era Spiderman, y Daredevil no había escuchado hablar jamás del Motorista Fantasma.

Eran películas a años luz del empaque y la calidad general del cine de superhéroes actual, pero funcionaban por sí solas, y eso me gusta… aunque algunas eran bastante malas.
Marvel Studios ha creado un universo cinematográfico fascinante, tomándose su tiempo, y eso es admirable. Pero echo de menos las películas que no dejaban cabos sueltos ni sorprendían con escenas post créditos que dejaban más cosas en el aire.
Echo de menos, en resumen, el cine de superhéroes que no estaba serializado, y es que al final resulta que tanto el Universo Marvel como el DC son eso, series con capítulos carísimos de dos horas o dos horas y media que se estrenan en cines cada X meses.
Me encanta lo que ha hecho Marvel, espero con ganas cada nueva película de su factoría… Pero quisiera, puede que por estúpida nostalgia, que de vez en cuando se estrenasen películas de superhéroes como las de antaño. Películas con un principio y un final que no dependiesen de ninguna otra película ya realizada o a realizar.

Y cuidado, que esto de los universos compartidos está a punto de dar el salto más allá de las franquicias de superhéroes. Recordemos que en unos años tendremos película con King Kong y Godzilla, y poco les faltó para sacar adelante una película con los protagonistas de Infiltrados en clase y Men in Black.
Si nos descuidamos, puede que acabemos viendo un crossover de Alien y Blade Runner, Depredador y Gladiator, Twin Peaks y Phantasma
Sin abusar, amigos de Hollywood, sin abusar.