Piratería

Tema controvertido donde los haya, el asunto de la piratería da para varias horas de debate, pero voy a intentar condensar en este artículo mi opinión al respecto; una opinión nada clara y algo contradictoria.
¿Estoy a favor o en contra de la piratería? No lo sé. Creo que no estoy ni a favor ni en contra. Para empezar, es obvio que si todo el mundo consumiese productos pirateados, la industria del cine (y de los cómics, los videojuegos, la literatura…) se vendría abajo en un par de semanas, pero por suerte no todo el mundo piratea. Esto es como cuando sale el tema de tener hijos y yo digo que no estoy para nada interesado en traer un retoño a este mundo porque opino que mi paz y mi tiempo libre son sagrados. Suelen responderme «si todo el mundo pensase como tú, nos extinguiríamos». Y sí, tienen razón, pero es que no todo el mundo piensa como yo. Por cada ser humano no interesado en tener hijos, hay cien con dos críos. Con la piratería, esa estadística (que me acabo de inventar) no es exactamente igual, pero deduzco que si se siguen rodando películas, es porque aún queda gente que las ve de forma legal… Lo que sí es cierto es que las salas son, cada día más, territorio exclusivo de blockbusters, condenando al cine independiente al formato físico o plataformas de streaming. ¿Es esto culpa de la piratería o de las preferencias del espectador medio? No lo tengo claro. Mitad y mitad, creo.


¿Me estoy yendo por las ramas? Es muy posible.
Iré al grano: creo que la piratería no es un problema, y si lo es, no es el más grave que sufre la industria. Con esto quiero decir que si alguien está interesado en ver una película en pantalla grande y pagar por ello, lo hará, y si no está interesado, no lo hará. No es una cuestión de si la entrada es cara o barata… Aunque la entrada costase dos euros, el espectador medio que pueda descargarse un screener churretoso y verlo en casa, se descargará el screener churretoso y lo verá en casa porque, en fin, es gratis.
El cinéfilo de pro no va a recurrir sistemáticamente a la piratería porque valora y respeta el cine. Mientras que el espectador medio, para quien el cine no es más que un pasatiempo, lo que busca es ver la película del momento gratis, pues según su criterio pagar por algo que ya está o estará colgado en Internet o comprar un bluray es cosa de pardillos y frikis.

También comprendo que mucha gente que gustosamente iría al cine cada fin de semana, no se lo pueda permitir. Pero dentro de este grupo hay dos categorías: está el que de verdad no puede permitirse gastos extras, y el que no va al cine porque es “caro”, pero luego te lo encuentras en el pub pagando 7 euros el cubata. En este segundo caso, no se trata de pasta, sino de preferencias. Yo no podría ir al cine cada fin de semana y luego salir de copas porque mi economía es bastante miserable, pero sí que puedo permitirme una de esas dos cosas, ¿y cuál elijo? El cine, que es mi preferencia. Quien elija salir de copas y pagar la entrada de una discoteca, fantástico, es su respetable predilección… pero que no le eche la culpa al precio del cine porque:
A- Los miércoles, día del espectador, están ahí. Aprovechadlos.
B- La excusa “entre la entrada y las palomitas, te dejas cerca de 20 euros” no vale. ¿Desde cuándo es obligatorio comer en el cine? Las palomitas y los refrescos, que efectivamente tienen un precio desorbitado (aunque no te pueden impedir meter comida del supermercado), son añadidos prescindibles, innecesarios.
Así que todo es, en esencia, una cuestión de prioridades. Quien tenga como preferencia el cine, pagará por ello, y quien no… pues no, y da igual lo que cueste la entrada. Es como si a mí me dices que la entrada para ver un partido Madrid-Barcelona vale un euro. Sí, es barato, pero no me interesa el fútbol, por lo tanto no voy a gastarme ese euro. Prefiero invertirlo en una bolsa de pipas.

En mi caso, he de reconocer que sí recurro a la piratería de vez en cuando. Suelo descargar películas (siempre en buena calidad, nada de screeners) que por un motivo u otro me interesan pero no se han estrenado en cines o no se han estrenado concretamente en el cine de mi ciudad.
La gran diferencia entre el pirata corriente y los que obramos como yo radica en que, cuando una película que hemos visto ilegalmente nos gusta, la compramos en DVD o bluray. Y no me parece mal verla ilegalmente para saber si te gusta o no antes de comprarla (os voy a contar un secreto: alquilar películas me parece absurdo). No es plan de gastarse 15 euros en una película que a lo mejor luego resulta que no te gusta.
Así que, efectivamente, veo películas piratas, pero lo compenso. Lo compenso yendo al cine casi todas las semanas, cuando el trabajo y la cartelera lo permiten, y comprando en formato físico aquellas películas que de verdad me interesan. Mi colección de aproximadamente 700 DVD´s y más de 300 blurays es la prueba de ello.
Hay una gran diferencia entre recurrir a la piratería cuando no queda más remedio, de forma puntual… y hacerlo como único medio para ver cine.
En resumen, consumir películas piratas y contribuir beneficiosamente a la industria cinematográfica es compatible.