Sí a los remakes

Dado que se trata de mi primera aportación a esta estupenda web, quisiera presentarme en sociedad haciendo algo que no tenía previsto hacer en un primer momento. Ya habrá tiempo para eso.
Estoy aquí para comentar películas, ya sean estrenos, clásicos infinitos o títulos menos recientes, pero como hoy es mi primer día y no me apetece ir a lo fácil y obvio, me he decantado por tocar las narices.
Estaba dudando entre dos temas controvertidos dentro del mundo cinéfilo, especialmente entre espectadores conservadores, cuñaos, intoxicados de nostalgia, carcas… o todo a la vez. Me estaba planteando, en definitiva, hablar sobre lo cojonudo que es el cine español o lo interesantes que me parecen los remakes. Incluso podría hablar acerca de lo muy disfrutable que considero la versión femenina de Cazafantasmas, pero hoy no. Ni mañana, ni pasado… Bastantes discusiones tuve en su momento con ese tema, así que por ahora dejadme en paz.
Al final, el tema delicado elegido para esta semana ha sido mi voto a favor de los remakes.
Si tenéis la piel muy fina o el conservadurismo os gotea por los poros de la piel, dejad de leer.


Que sí, que los remakes me parecen maravillosos. Me alegra que existan, y os voy a explicar las razones.
Partamos de la siguiente base: los remakes no son algo nuevo. De hecho, hay grandes clásicos del cine, películas con todo el reconocimiento del mundo, que figuran en las listas de las mejores películas de la historia, y… son remakes. Algunos ejemplos serían Con faldas y a lo loco, La Cosa, El precio del poder, Por un puñado de dólares o Ben-Hur. Todas ellas remakes, y todas ellas joyas del séptimo arte. No lo digo yo, lo dice la historia, el tiempo, el reconocimiento generalizado.

Estoy de acuerdo en que hoy en día su número ha aumentado, tal vez demasiado. Pero que no me vengan con el manido argumento «el cine se ha quedado sin ideas». Eso es una leyenda urbana, una creencia fácilmente desmontable y sin fundamento. El cine es un arte relativamente reciente (poco más de cien años. Si lo comparamos con la música o la literatura…), ¿cómo va a quedarse sin ideas? Es imposible. No, el cine sigue rebosando buenas ideas y originalidad. Lo que ocurre es que esos guiones suelen quedarse metidos en un cajón, acumulando polvo, mientras que las salas se llenan de remakes, secuelas, precuelas y refritos que buscan exprimir la nostalgia, ¿por qué? Porque la cosa está muy mal y ningún estudio cinematográfico quiere arriesgarse. A nadie le interesa invertir X millones en una producción para que luego no vaya a verla ni Dios. Porque el espectador medio se queja mucho de esto mismo que estoy diciendo, de que el cine ya no es original, pero a la hora de la verdad, si tiene que elegir entre una película de Yorgos Lanthimos o la última de Fast and Furious, se va de cabeza y sin dudar a por la segunda opción. ¡Y me parece estupendo, ojo! Yo también consumo mucho cine comercial y blockbuster, pero también me alimento de películas independientes y de autor. Veo de todo, por eso sé que hay de todo; por eso no me creo la decadencia que tantos aseguran.
Pensad que si en los cines hay poca variedad, puede que la culpa no sea solo de la industria cinematográfica. Es posible que el principal culpable sea el espectador masivo y sus preferencias, que por desgracia son las que mandan y condicionan el mercado.


¿Pero qué pasa con los remakes? ¿Por qué tanta gente piensa que si se hace un remake de un clásico destrozan la película original? ¿Por qué muchos aseguran que un mal remake puede arruinarles la infancia?
Pues os respondo.
Primero: un mal remake no estropea nada. La película original siempre estará ahí, intacta. Salvo que se inventen los viajes en el tiempo y alguien retroceda hasta 1942 para dispararle a Humphrey Bogart entre los ojos en pleno rodaje de Casablanca, las películas son inalterables (siempre y cuando George Lucas no esté cerca, eso sí).
Segundo: un remake no puede arruinaros la infancia porque vuestra infancia ya está muerta. No arruinada, muerta. Hace más de una década que está bajo tierra, así que no culpéis a los remakes. Culpad al paso del tiempo, a la alopecia, las hipotecas, los matrimonios infelices… Si ni siquiera son las diez de la mañana y ya estás en un bar de mala muerte con el botellín de cerveza en la mano, te aseguro que la culpa no la tiene un remake de Los Goonies o de E.T., El Extraterrestre.


Para ir concluyendo, diré que los remakes me parecen interesantes cuando caen en buenas manos. Es decir, cuando detrás de ellos hay cineastas con algo que aportar, con sello propio. Considero realmente atractiva la idea de que un buen director coja una película ya existente y nos la vuelva a contar desde su punto de vista, dándole su toque, su magia, sus señas de identidad. En fin, ¿por qué no? ¿Qué hay de malo en ello? Yo, además de cinéfilo, soy muy curioso, y tal vez por eso reciba de buena gana casi todos los remakes.
También es cierto que algunos caen en manos de directores planos, insulsos, aburridos, que trabajan perpetuamente con el piloto automático para acabar pronto, cobrar el cheque y marcharse a Las Vegas con un par de prostitutas y cinco gramos de cositas malas en el bolsillo. Esos remakes, por norma general, me son indiferentes… aunque no me pongo a lloriquear por mi infancia violada como hacen otros, claro.
La única forma de generar buenos remakes (como El cabo del miedo, El precio del poder, Mentiras arriesgadas, Infiltrados, Las colinas tienen ojos y tantos otros) es haciéndolos, así que bienvenidos sean. ¿Entre todos ellos habrá basura? Claro, pero también buenas películas, y por eso merecerá la pena hacer criba.