El filtro del tiempo

Seguramente, si os relacionáis con aficionados al cine, ya sea en persona, mediante redes sociales o a través de esos pequeños infiernos digitales llamados foros, os habréis topado con cierto tipo de opinión/pensamiento que se repite una y otra vez. Son juicios que en general se emiten porque sí, a voleo, sin haber sido sometidos a una mínima reflexión. Cosas que muchos dicen porque las han escuchado… pero no comprobado.
Todos hemos oído eso de que «las películas españolas siempre tratan sobre la Guerra Civil y son malas», «segundas partes nunca fueron buenas», «la mejor película de la historia es Gladiator» (jajaja), «las películas de terror de antes sí que daban miedo» y, por supuesto, «el cine de ahora es una mierda».
Hoy quiero hablar de esa última afirmación, tan rancia y errónea como todas las demás, pero especialmente poco objetiva y nada realista.


Antes de entrar en faena, volvamos un momento a Gladiator.
Que alguien me explique por qué gusta tanto al aficionado medio. Buscad a cualquier cinéfilo de esos que sólo ven cine comercial posterior a su fecha de nacimiento y preguntadle por su película favorita DE TODA LA MALDITA HISTORIA DEL CINE. ¿Sabéis que os responderá? Os responderá Gladiator.
Que no es mala, vale, incluso podría decir que es bastante buena, pero, ¿por qué levanta esas pasiones entre el cinéfilo de barra de bar? Es el mismo fenómeno que se da entre El Diario de Noa y… el 99% de las mujeres.

Y tras esta nota de puro relleno, empecemos con el asunto.

Muchos iluminados aseguran que el cine de ahora es mediocre. Todo. Porque, según ellos, ya no hay originalidad ni buenas ideas, los actores son muy malos y el CGI le ha quitado encantado a todo.
Lo que estas personas no se han parado a pensar es que en los 90 ya había gente parloteando exactamente el mismo discurso. ¿Y sabéis que decían en los 80? Que había exceso de efectos especiales (efectos que a día de hoy son idolatrados) y que las buenas películas eran las de los 70. Pero resulta que en los 70 decían que el buen cine era el de los 60; y en los 60 decían eso mismo del de los 50; y en los 50 que el de los 40… Y cuando se inventó el color, dijeron que eso mataría al cine. Algo parecido aseguraron también cuando llegó el sonido… Y podemos retroceder hasta llegar al cavernícola que dibujó las primeras pinturas rupestres. Seguro que algún mamón le dijo que el arte era mejor cuando no existía.
Es algo cíclico, y aunque a día de hoy sabemos que toda esa gente del pasado se equivocaba, la mayoría continúa esgrimiendo el mismo topicazo respecto al cine actual. Ya sé que el hombre es el único animal que tropieza mil veces en la misma piedra, pero por favor, ya vale.
Dentro de treinta años, la gente del futuro escribirá libros y hablará con cariño sobre el cine de nuestra década, pero mientras tanto toca menospreciarlo porque sencillamente somos idiotas.


A día de hoy no solo se hace buen cine, sino que además el séptimo arte se encuentra en un momento maravilloso. Hay películas cuya realización era impensable cuarenta años atrás, y no olvidemos que el avance tecnológico ha conseguido que hacer películas sea algo relativamente accesible, de modo que el panorama independiente está en el mejor momento de la historia.

Ahora bien, si los de «el cine de ahora es malo» se limitan a ver películas comerciales y blockbusters, o por el contrario sólo consumen cine independiente porque el snobismo y la borrachera de prejuicios que llevan a cuestas les impiden disfrutar de nada más, es lógico que tengan una visión acotada y una opinión predecible y con poco fundamento.
En el anterior artículo mencionaba esto, y creo que viene al caso repetirlo: hay que ver de todo y juzgar cada película en función de sus pretensiones. No ser clasista y sí muy curioso. No disfrutar tanto odiando y analizando, y volver a ver el cine con los ojos y la inocencia de un niño.


Pero, ¿sabéis quién no se equivoca jamás? El filtro del tiempo. Él sí que pone las cosas en su sitio, y no los críticos de cine (profesionales o amateurs, me da igual) ni las absurdas webs que dan nota a las películas.
El filtro del tiempo es el que ha conseguido que, si pensamos en una década pasada, lo primero que se nos venga a la cabeza sea una selección de buenas películas; buenas no, maravillosas, infinitas. Se crea el siguiente espejismo: en las décadas pasadas solo se rodaban obras maestras. Pero la realidad es otra; la realidad es que entre Blade runner y Jungla de cristal, entre El padrino y Alien, entre Solo ante el peligro y Sed de mal se rodaron muchas películas mediocres o, en el mejor de los casos, intrascendentes. El filtro del tiempo las dejó atrás, metidas en el agujero negro del olvido para que el Gran Cine, el que figura en los libros encargados de enumerar las mil películas que debemos ver antes de morir, prevaleciera eternamente… pero eso no quiere decir que las malas no existieran.
Pero el espectador actual sigue empeñado en que, para poderse decir que el cine se encuentra bien de salud, cada fin de semana ha de estrenarse una absoluta obra maestra, cuando en realidad esto nunca, jamás ha ocurrido. Estos espectadores creen que antes se estrenaba Ciudadano Kane un fin de semana, al siguiente El crepúsculo de los dioses, después Por un puñado de dólares, luego El apartamento

Mi triste conclusión es la siguiente: cuando hacemos criba con el cine clásico, olvidamos las malas películas y nos quedamos con las buenas. Sin embargo, cuando se trata del cine actual, cribamos a la inversa: ignoramos las buenas y centralizamos nuestra atención en las malas, porque de lo contrario no podríamos decir, con cara de asco y la nariz arrugada, que «el cine actual es horrible».