2017 en tres películas

Le dije a Planeta Antequera que, cuando lo creyese oportuno, me propusiera un tema cinéfilo para tratar en esta sección (y lo mismo te digo a ti, lectora o lector). En menos de una hora me habían puesto algo sobre la mesa, y es algo que agradezco mucho, porque escribir una sección semanal no siempre es fácil. Me refiero a que no siempre se me van a ocurrir temas sobre los que hablar; mi cabeza es muy, muy limitada, y además estoy escribiendo una novela (tenía que colarlo, lo siento), de modo que tengo las neuronas algo agotadas. Con esto quiero decir que cualquier propuesta que reciba, ya sea de Planeta Antequera o de los lectores, será bienvenida.

¿Y qué me propuso Planeta Antequera? Algo que me pone nervioso: ¡un top! Un top con mis películas favoritas de 2017, pero no un top 10, ni siquiera un razonable top 5. Un puñetero top 3. Me pongo nervioso con los tops porque siempre acabo incluyendo más películas de las deseadas, de modo que si me pongo a escribir un top 10, lo más probable es que me salga un top 20. ¿Por qué? Porque yo, cuando se trata de cine, tiendo a disfrutar más que a padecer, y eso implica, para bien o para mal, que me gusten muchas películas. Luego, hacer criba es jodido. Pues imaginad un top 3. Ni siquiera sé a qué agarrarme. ¿Objetividad? ¿Subjetividad? Es muchísimo más filtro del que estoy acostumbrado a realizar, pero haré lo que pueda. También debo mencionar que algunas películas que sospecho estarían en la lista de las mejores (El sacrificio de un ciervo sagrado, En realidad nunca estuviste aquí o Todo el dinero del mundo) no he tenido oportunidad de verlas aún o todavía no se han estrenado en España, por lo que quién sabe si después de visionarlas, este top 3 quedaría obsoleto. Sea como sea, aquí van mis tres películas favoritas de 2017 sin orden de preferencia:

BLADE RUNNER 2049

Era de esas películas que no necesitaba ver para saber que iban a ser buenas. Y da igual que sea la secuela de un gigantesco clásico de la ciencia ficción, porque el hecho de que aquélla fuese una obra maestra no evita que pueda tener una buena, o incluso sobresaliente secuela.


Desterremos de una vez el topicazo «segundas partes nunca fueron buenas». A estas alturas, sabemos de sobra que es falso. Blade Runner 2049 está escrita por el mismo guionista de la original, y si esto no es suficiente garantía de calidad, añadiré que su director es Dennis Villeneuve, uno de los cineastas de nueva hornada más interesantes y competentes. No digo que fuese el único director capaz de ponerse al mando de la película, pero sí uno de los poquísimos capaces.

Casi todos esperaban lo peor (un remake encubierto o una simple película de acción), y sin embargo Villeneuve dio una bofetada en la boca a los detractores cuando se sacó de la manga una película equiparable a la original en términos de guión, y superándola con creces en el aspecto visual.

Es, en general, tan equiparable a la original, que esta también se ha pegado una hostia en taquilla. Al igual que ocurrió con Blade Runner, el tiempo pondrá en su sitio a Blade Runner 2049. Juzgar una película y posicionarse cuando hay consenso es muy fácil, por eso hoy la original es considerada por casi todos una obra maestra, pero nadie se atrevió a decirlo cuando se estrenó en 1982. ¿Qué pasó entonces? ¿Dónde estaban los que hoy se relamen al verla? Estaban esperando a que la crítica recapacitase años después y dijese que es un peliculón. Entonces se unieron a la mayoría, poniéndose muy bien puestos y dándoselas de entendidos mientras enumeraban las infinitas virtudes de la película de Scott, esa misma que unos años atrás tachaban de bodrio.

Pues como yo no quiero unirme al consenso que habrá en unos años porque considero que eso es algo de veletas, cobardes y gente sin carácter, diré ahora, en 2018, que Blade Runner 2049 es una película imprescindible. Ya lo dirán los demás en unos años.

TRES ANUNCIOS EN LAS AFUERAS

Aunque se haya estrenado este año, técnicamente está fechada en 2017, así que vamos con ella.


Es posible que su tuviese que elegir una sola película del año, fuese esta. Tal vez no sea la más destacada en el aspecto técnico y visual, pero el guión, ese montón de papeles que Martin McDonagh (también director de la peli) se sacó de la cabeza es una pasada. Nunca me he montado en una montaña rusa, pero después de ver Tres anuncios sé lo que se siente. Durante las dos horas que dura esta maldita cosa, no sabes qué va a pasar. En un momento determinado te partes de risa, y dos minutos después tienes un nudo en el estómago y los ojos llorosos. Después vuelves a reírte, pero no por nada amable, sino porque alguien le ha partido la boca a otro alguien justo antes de tirarlo por la ventana. Y luego vuelves a no tener ganas de reír porque te están contando algo muy poco agradable, pero no pasa nada porque en menos de cinco minutos volverás a tener una sonrisa en la cara. Así es toda la película; una historia sin buenos o malos ni blancos o negros. Una historia donde cada personaje, incluso los más desagradables y moralmente cuestionables, tiene sus motivos, su pasado, sus traumas… No son simples trozos de carne que van de aquí para allá recitando sus frases. Personajes complejos que se equivocan, aprenden y maduran. Personajes que, en definitiva, sufren y padecen, incluso los más villanescos.

Es una película que consigue agotar, pero en el buen sentido. De primeras puede parecer que Tres anuncios parte de una idea propia de telefilme de sobremesa, pero en lugar de eso es, posiblemente, la película más original, imprevisible y bien escrita del año.

Si debo destacar algo que me ha llamado la atención, además de las estupendas interpretaciones de Frances McDormand, Woody Harrelson y Sam Rockwell, sería la dinámica de acción y reacción que se da a lo largo de la historia. Por muy insignificante que a priori sea la protagonista, una persona normal y sin poder mediático ni contactos en las altas esferas, ella solita consigue, mediante una serie de incendiarias decisiones, generar un pequeño apocalispsis en el pueblo. Vamos, que es una película redonda.

BRAWL IN CELL BLOCK 99

Estaba dudando entre Madre!, IT, Logan… pero al final he elegido esta genial serie B con aroma setentero porque me estoy dejando llevar por la subjetividad.


No es la mejor película del año, pero sí es una de las que más consiguió engancharme y captar mi atención, y eso que la película no funciona a base de giros de guión rebuscados e inesperados. De hecho, hasta cierto punto podría decirse que es una película predecible, pero da igual porque se nota que está hecha con cariño. Si Brawl in cell block 99 la hubiese realizado otro director, el resultado habría sido un producto casposo de videoclub digno de Van Damme, pero por suerte la persona tras la cámara y el guión es S. Craigh Zahler, quien hace un par de años nos trajo la estupenda Bone Tomahawk, película que comparte varias cosas en común con esta, su segunda obra. Ambas son películas que superan las dos horas y que se toman su tiempo para enseñar los dientes, siendo en la recta final cuando se arma el jaleo y los personajes empiezan a morir de formas bastante horribles. Tanto en Brawl como en Bone Tomahawk se da esto que comento. También un estilo de dirección sencillo, sin alardes visuales de ningún tipo, lo que consigue que ambas películas resulten secas y ásperas.

Cabe destacar la interpretación de Vince Vaungh, a quien estamos acostumbrados a ver en comedias y poco más, y sin embargo aquí ofrece una interpretación bastante alejada de su habitual faceta humorística. Su personaje es un perdedor sin oficio ni beneficio, pero más duro que un clavo en un ataúd, que se mueve en ambientes de dudosa legalidad, y que cuando da con sus huesos en la cárcel se verá obligado, por culpa de un espantoso chantaje, a realizar un trabajito para el mafioso a quien traicionó. No es una película que busque reconocimiento ni pasar a la historia, pero siempre es un gustazo ver un filme desinhibido pero bien hecho, sin complejos ni miedo a ser escabroso e ignorado en los Oscar.